Nvidia presenta sistema de refrigeración que reduce el consumo hídrico en centros de datos, aunque no resuelve la huella total de la inteligencia artificial

Qué pasó
Nvidia dio a conocer un nuevo sistema de refrigeración por agua templada que, según la compañía, puede reducir drásticamente el consumo de agua en el interior de los centros de datos, eliminando prácticamente todo el uso hídrico dentro de esas instalaciones. El anuncio fue realizado por Josh Parker, director de sostenibilidad de la empresa, quien aseguró que el desafío del consumo de agua en los centros de datos está mayormente resuelto.
El sistema opera mediante un circuito cerrado que se llena una sola vez y recircula el líquido refrigerante durante toda la vida útil de la instalación, sin requerir recargas. El agua ingresa a los racks de servidores a 45 grados Celsius y sale a 55 grados, transportando una cantidad significativa de calor. En climas favorables, esta tecnología puede alcanzar una reducción del 100% en el uso de agua dentro del centro de datos, ya que el aire exterior disipa el calor mediante radiadores pasivos, sin necesidad de refrigeración por evaporación ni ventiladores.
No obstante, la métrica utilizada por Nvidia considera únicamente lo que ocurre al interior del centro de datos, dejando fuera del cálculo el agua empleada en la generación de electricidad que alimenta las instalaciones y en la fabricación de los propios chips. De acuerdo con estimaciones recogidas por la prensa especializada, el consumo hídrico externo puede duplicar o triplicar la huella total de una instalación, lo que significa que la solución de Nvidia aborda apenas entre un cuarto y un tercio del consumo total de agua asociado a la inteligencia artificial.
El problema se agrava porque buena parte de los centros de datos opera con electricidad proveniente de combustibles fósiles, una tendencia que las empresas tecnológicas han incrementado en los últimos años. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, las centrales termoeléctricas de ese país consumen 2.700 millones de galones de agua diarios, la mayoría destinada a procesos de refrigeración por evaporación. Esta cifra evidencia que el verdadero desafío hídrico de la inteligencia artificial trasciende las paredes de los centros de datos y se extiende a toda la cadena de suministro energético.
Contexto
El debate sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial ha ganado relevancia en la industria tecnológica global, a medida que los modelos de lenguaje de gran escala y los servicios de computación en la nube demandan capacidades de procesamiento cada vez mayores. Los centros de datos, infraestructura esencial para el funcionamiento de esta tecnología, concentran una parte importante del consumo energético e hídrico mundial.
A nivel global, diversas empresas han promovido compromisos públicos de sostenibilidad, incluyendo metas de carbono neutral y uso eficiente de recursos. Sin embargo, organismos internacionales y académicos han cuestionado la metodología con la que se reportan estos indicadores, señalando que muchas mediciones excluyen las denominadas emisiones de alcance tres, es decir, las asociadas a proveedores de energía y a la cadena de producción de hardware.
En el caso específico del agua, la discusión se ha intensificado debido a la creciente presión sobre los recursos hídricos en regiones donde se concentran los principales polos de procesamiento de datos, como el oeste de Estados Unidos, el norte de Europa y partes de Asia. La instalación de centros de datos en zonas con estrés hídrico ha generado críticas de comunidades locales y reguladores, quienes exigen mayor transparencia en los reportes ambientales.
La estrategia de Nvidia, líder mundial en fabricación de unidades de procesamiento gráfico y pieza central de la infraestructura de inteligencia artificial, resulta particularmente relevante porque sus chips constituyen el componente hardware predominante en el entrenamiento e inferencia de modelos de inteligencia artificial a nivel global. Cualquier innovación o deficiencia en la eficiencia de sus productos tiene efectos multiplicadores en la huella ambiental del sector.
Impacto para empresas chilenas
Para Chile, la discusión sobre el consumo hídrico de la inteligencia artificial tiene implicancias directas, dado el creciente interés de empresas tecnológicas internacionales por instalar centros de datos en el país, aprovechando condiciones climáticas favorables y la disponibilidad de energía renovable, especialmente en la zona norte.
Empresas locales que están integrando herramientas de inteligencia artificial en sus operaciones, desde grandes mineras hasta entidades financieras, deben considerar que el costo ambiental de la computación no se limita al uso directo de infraestructura propia, sino que se extiende a toda la cadena de suministro de los proveedores de servicios en la nube. Esto resulta relevante para los reportes de sostenibilidad corporativa y para el cumplimiento de estándares internacionales como los principios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza).
En el segmento de las pequeñas y medianas empresas, que increasingly contratan servicios de inteligencia artificial mediante plataformas externas, la decisión sobre qué proveedor elegir podría comenzar a incorporar variables ambientales, más allá del precio o el rendimiento técnico. La transparencia en los reportes de huella hídrica y de carbono podría convertirse en un factor diferenciador en el mercado.
Adicionalmente, la eventual regulación ambiental que podría surgir en mercados como la Unión Europea, y que tiende a replicarse en otras jurisdicciones, obligaría a las empresas chilenas con operaciones internacionales a evaluar con mayor rigor las métricas de sostenibilidad de sus socios tecnológicos, lo que modificaría los criterios de contratación en el mediano plazo.
Qué sigue
En el corto plazo, se espera que Nvidia entregue mayores precisiones sobre su metodología de medición del consumo hídrico, tras la solicitud de antecedentes realizada por la prensa especializada. La respuesta de la compañía podría sentar un precedente en la forma en que la industria reporta su impacto ambiental.
En el mediano plazo, es probable que organismos reguladores y la propia comunidad científica exijan a las empresas tecnológicas adoptar métricas más amplias, que incorporen el consumo de agua y energía en toda la cadena de valor, incluyendo proveedores eléctricos y fabricantes de componentes. De no mediar cambios en la metodología actual, la presión por una mayor transparencia continuará creciendo, en la medida que la inteligencia artificial se expanda a nuevos mercados y consumidores.
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