China apuesta por reactores nucleares de gran escala mientras Estados Unidos se inclina por los microrreactores

Qué pasó
La construcción de nuevos reactores nucleares en las potencias occidentales se ha ralentizado de forma pronunciada. Estados Unidos, que mantiene la flota nuclear más grande del mundo, solo ha sumado dos reactores en los últimos años: las Unidades 3 y 4 de la planta Vogtle, en Georgia. Francia, segundo país con mayor capacidad nuclear instalada y que obtiene cerca de dos tercios de su electricidad de esta
Ante ese escenario, el Departamento de Energía de Estados Unidos lanzó un programa piloto orientado a reactores avanzados, con la meta de que tres prototipos alcanzaran la criticidad antes del 4 de julio de 2026, fecha del 250 aniversario del país. La criticidad corresponde al momento en que un reactor consigue una reacción en cadena autosostenida capaz de liberar energía. La empresa Antares, con sede en California, cumplió el hito la semana pasada con su reactor Mark-0.
El Mark-0 es un microrreactor refrigerado por sodio que utiliza combustible TRISO, esferas de grafito con material fisionable encapsulado. Su diseño apunta a una producción eléctrica de entre 100 kilowatts y 1 megawatt, es decir, al menos mil veces inferior a la de los grandes reactores comerciales actuales. El artefacto carece aún de sistemas de conversión de potencia y disipación de calor, por lo que la compañía proyecta generar electricidad hacia fines de 2027 y realizar su primer despliegue en terreno durante 2028, según informó su director ejecutivo, Jordan Bramble.
Contexto
La discusión sobre el futuro nuclear ocurre en un momento de expansión sostenida de la demanda eléctrica mundial, impulsada por la electrificación de industrias, el crecimiento de centros de datos vinculados a inteligencia artificial y la transición hacia fuentes sin emisiones de gases de efecto invernadero. Frente a ese panorama, los reactores pequeños y modulares (SMR, por su sigla en inglés) han captado buena parte de la atención de inversionistas y gobiernos.
La promesa de los reactores de menor escala es que, al reducir el tamaño y la complejidad de cada unidad, disminuye también la inversión inicial necesaria para validar la tecnología. A eso se suma la posibilidad de fabricarlos en serie en plantas industriales, en lugar de construirlos en sitio, lo que en teoría permitiría reducir costos y plazos.
El modelo contrario, el de los grandes reactores convencionales, enfrenta obstáculos estructurales significativos. Los proyectos suelen requerir inversiones iniciales de miles de millones de dólares, con periodos de retorno que se extienden por décadas. Además, los diseños tienden a modificarse durante los procesos regulatorios, lo que encarece y retrasa las obras. Mientras tanto, China ha consolidado una cadena de construcción nuclear capaz de levantar reactores de gran escala con plazos más acotados, lo que ha reconfigurado el mapa competitivo del sector.
Impacto para empresas chilenas
Chile no opera actualmente plantas nucleares comerciales, aunque el debate sobre su incorporación a la matriz energética ha formado parte de la discusión pública durante décadas. La evolución internacional hacia reactores de menor escala resulta relevante para el país, en particular para sectores con alta demanda eléctrica intensiva.
La industria minera, que constituye uno de los pilares de la economía nacional, requiere suministro eléctrico constante y, en muchos casos, en zonas geográficamente aisladas del Sistema Interconectado Central. La eventual disponibilidad de microrreactores o reactores modulares pequeños podría ofrecer una alternativa de generación limpia y continua para faenas mineras y plantas de procesamiento, en línea con los compromisos de descarbonización asumidos por grandes productores.
De manera adicional, la expansión de la industria del litio y el eventual desarrollo de centros de datos vinculados a servicios de inteligencia artificial en territorio chileno abren nuevas interrogantes sobre el origen de la electricidad requerida. Una matriz diversificada, que sume fuentes firmes de baja emisión a la ya elevada participación de energías renovables, podría resultar determinante para atraer inversiones intensivas en capital y para sostener el crecimiento proyectado de la demanda eléctrica nacional en los próximos años.
Qué sigue
La industria observa con atención si el modelo de microrreactores consigue traducir los avances experimentales en despliegues comerciales concretos dentro de los plazos anunciados por desarrolladores como Antares. El cumplimiento de esas metas será clave para validar la apuesta estadounidense por la fabricación en serie y la reducción de costos.
En paralelo, China continuará con su estrategia de reactores de gran escala, aprovechando su capacidad industrial y su cadena de suministro consolidada. El contraste entre ambos enfoques dejará en evidencia cuál de los dos caminos ofrece resultados más rápidos, confiables y económicamente viables, con efectos directos sobre la política energética, la inversión privada y los planes de descarbonización de economías dependientes de electricidad constante y de baja emisión.
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